Empresas -
Marketing
Jueves, 15 de Julio de 2010 14:54
Las
ofertas que las empresas hacen en el mercado son ajustables mediante todos los instrumentos de la mezcla del marketing, comenzando por el producto mismo, y ello conduce a una diferenciación entre los productos ofrecidos por las diferentes marcas.
Diferenciación que puede servirse de cualquier característica del producto percibida por los consumidores y que haga diferente a una determinada oferta del mercado con respecto a las competidoras. La
diferenciación es la base de la llamada competencia monopolista, uno de los casos de concurrencia imperfecta en los mercados en la que la curva de demanda-precio a la que cada uno de los competidores se enfrenta es tanto menos elástica, y por tanto más monopolista cada uno de ellos en su segmento de mercado, conforme mayor es la diferenciación del producto.
Para efectuar tal
diferenciación es necesario conocer los segmentos del mercado y las posiciones relativas en ellos de las ofertas alternativas de la competencia. Pero la
segmentación es un concepto claramente distinto, más general que el diferenciación, pues persigue la clasificación de los consumidores con independencia de que ello de lugar o no a una diferenciación de la oferta.
La
segmentación sirve como operación previa para poder situar el producto, lo que se llama
posicionamiento del producto, de la forma más ventajosa en el segmento apropiado o alterar su posición previa si ya estaba en el mercado. Una vez conocidos y elegidos el o los segmentos relevantes, el buscar y conseguir la posición más adecuada implica siempre, en primer lugar, la diferenciación del producto, pero puede que ser que haya otras acciones comerciales adicionales que afecten a elementos de la mezcla del marketing distintos de la estricta diferenciación del producto.
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